Sin sentido 3

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi sobre mi almohada. No puedo negar la emoción y tampoco quiero evitar la pereza que esto implica. El hecho de que sigas bailando en mi psique me produce una marea de sentimientos encontrados muy difícil de navegar. Entre recuerdos y ojalás, ya no existen diferencias.

Siento que he perdido mucha lógica en este sentido. Los inmuebles comenzaron a cambiar de lugar a cada momento y las manecillas del reloj ya no corren en círculos. La otra noche había un nido de arañas gigantes que dormían en mi cuarto y unas horas después vi a un avión estrellarse con los restos de otro. A veces soy perseguido en un laberinto de calles alteradas y otras veces me dejo atrapar a propósito.

Descansar en paz es una tarea pendiente. Las noches en vela se han convertido en mis favoritas porque me ahorran los sucesos morbosos, encriptados e incoherentes. La mente traiciona cuando el corazón es inseguro. Mis efectos ya no traen consecuencias y mis consecuencias son el motivo para no despertar a tu lado. Debe tratarse de algún tema de confianza o, caso contrario, de un terrible augurio.

El miedo se ha convertido en un cigarrillo diario antes de ir a dormir. No estoy seguro, pero creo que ya debería pensar seriamente en dejar de fumar.

En fin. Anoche soñé que me encontraba con un cadáver aún enfermo en la bañera. Lo sé porque seguía mostrando síntomas de estar muriendo a pesar de estar más frío que un corazón huraño. No lo reconocí y ni me importaba quién era pero sentía una fuerte obligación de ayudar. Estaba decapitado y llevaba un traje de noche, de esos que usa uno en su propio funeral.

Ya no quiero recaer en ese juego de ser nefastamente sorprendido en mi propia cama. Ya no quiero sentir el pavor que te inunda el pecho cuando despiertas de golpe. Ya no quiero sospechar del significado de lo que no tiene relevancia. Solo me queda esperar piedad de mi inclemente locura o alguna pequeña muestra de empatía que jamás llegará.

Lo siento. Cuando evito escribir, solo me queda divagar.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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