Sin sentido 7

Recuerdo haberme puesto de pie ante un espejo que no me reflejaba. La pesadez dominaba a las pocas prendas que me envolvían y mis huesos daban la sensación de romperse con cualquier movimiento brusco. Por algún motivo al azar, tenía a Romeo y Julieta en la mente, un fuerte olor a marihuana saturaba el entorno y la luz filtrada por la ventana se fundía entre tantas cosas que aludirlas era imposible hasta para el más largo de los etcéteras.

A todo esto, mis ojos no paraban de sangrar. Las lágrimas brotaban de mí como una cascada y el fuerte sabor a hierro era inconfundible. Se trataba de una pesadilla, sin duda alguna.

Como pude, arrastré mi cuerpo hacia la única puerta entreabierta que encontré. La apocalíptica imagen que se formó delante de mí, me amarró un nudo en la garganta.

Las nubes, negras y tormentosas, enfilaban en el cielo como si colgasen de hilos muy delgados desde el infinito. Entre relámpagos y vientos huracanados, lo único visible alrededor era la ruina. Absolutamente nada parecía resistir el flagelo que lo condenaba y absolutamente todo se sacudía al ritmo de insoportables gritos de terror. La sentencia estaba dictada y era inminente, como si algún dios nos hubiese declarado la guerra.

Al querer levantarme, sentí que algo me observaba. La tragedia cesó de repente. Cuando pude componerme, mi visión nublosa distinguió al pequeño cuervo en la cima de un arbusto salido de la nada. El animal, inmóvil como una estatua, me lanzó la mirada más despiadada e inerte ornada con desdén. Sus córneas tenían el color del mismísimo infierno. En ese instante, un miedo visceral me sacudió la cabeza. Intenté correr, pero el oscuro córvido alzó vuelo, levitó frente a mí y continuó con su macabro banquete.

Entre mi pavor y su apatía, el sufrimiento decoró la escena con lúgubre solemnidad.
Y entre el dolor y la sombra, pude escuchar que alguien susurraba.
Nunca más”.

Que fatal resultó dormir con más ganas de pasado que de presente. Peor aun, cuando ambos se han pintado de grises y el futuro pierde relevancia.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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