Me estás jodiendo

Me estás jodiendo. De amor nadie ha muerto pero esto es lo más cercano que se puede estar a tal condición. Cada minuto aferrado a tu cuerpo es como ser un fósforo atrapado en sesenta incendios, cada uno más voraz que el anterior. Que injusto es sentirme una presa tan vulnerable al panorama de tu brasier saturado, al hilo negro que adorna tu vientre bajo, a tu paisaje desnudo y tu invitación a explorarlo.

Amo respirar tu piel. La transpiración entre nos se ha convertido en alimento adictivo y droga vital para el alma. A media luz, tus lunares son las partículas insolubles del café con leche, tus labios guardan todos los licores que me encantan y tus curvas se hacen responsables de mi recorrido hasta el irresponsable punto del desbarranco. Perdona si tiemblo o me resbalo estando echado, nunca antes había estado en un desastre natural tan perfecto.

Dentro y fuera de lo permitido, tu mirada me va retando a cometer las locuras más atrevidas entre inocentes sábanas que solo se limitarán a observar, los movimientos precisos son la previa ideal para devorarnos con lujuria y mi deseo por el aroma de tu humedad hirviente me enciende a un nivel desconocido.

Ya no necesito más excusas. Aceptaré el desafío que has despertado en mis ganas.

Voy a serpentear mi lengua por tu abdomen y mediré tu reacción a cada centímetro recorrido, invadiré tus rincones calientes hasta entrecortar tu respiración agitada, haré que tu rostro dibuje los gestos más salvajes y lascivos a culpa de la inquietud de mis dedos, levantaré tus piernas en ángulos tan complejos que desafiaremos a las mismas matemáticas y te moldearé a mis pervertidas intenciones. Usaré todo lo que toques en tu contra y tendrás el derecho a guardar silencio, pero, por lo que más quieras, no lo uses. Quiero terminar con los tímpanos reventados.

Me gusta jugar con tus sentidos y engañar a tus puntos débiles. Descender a tu intimidad es un delirio mágico y religioso que no debería terminar jamás. La parte oculta de tus muslos es el océano en el que me quiero ahogar, justo ahí, en el fascinante triángulo de tus bermudas. Cuando ya no puedas más y me exijas a gritos que lo haga, te abriré con la sutileza de una daga y quedaré a merced de tus movimientos hasta que aprietes todo lo que tengas a tu alcance. En el momento en el que me dé cuenta que lo disfrutas, dejaré de ser amable y me desconoceré. Sé que te excita mi lado violento y quieres exprimirlo sin restricciones. Será así, que revolcaré a mis bajos instintos para explotar dentro de ti.

Puede parecer que yo suene como el animal contenido en este relato, pero sabes bien que esto no es sobre mí. Es sobre tu esencia y como la dejas caer en mi cama. Sobre esa manía tuya de tener mi pulgar en tu boca. Sobre ese gemido sobrio que impactas contra la almohada. Es imposible resistirse a un encanto, cuando este te ha consumido tanto…

No, lo nuestro ya no se trata de hacer el amor ni tampoco de sexo.
Literalmente, me estás jodiendo.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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