Ojos tristes, suaves y cansados

Ojos tristes,
suaves
y cansados.

Aún recuerdo el sofá
cerrando el paso de la puerta
y el silente metal negruzco
con el sol en la ventana.

Recuerdo la llamada,
la broma
y la invitación.

“Come, hijo, tu tía lo ha hecho con cariño”.

Y recuerdo los ojos tristes,
suaves
y cansados.

Ellos comen,
ríen, beben,
me convidan
y yo entiendo,
de a pocos,
lo que es el amor.

Ellos se besan,
se quieren, se abrazan,
y yo entiendo,
un poco más,
de qué trata el amor.

Ellos lloran,
sonríen,
perdonan
y yo entiendo,
de verlos,
cómo es el amor.

En ese momento, los veo
y ellos se miran
y lo entiendo.

Sí existe
el amor.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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